GAUDI: IDENTIDADES Y FUSIONES Gaudi Esté (Los Teques, 1947), sigue en crecimiento. Esa es la gran evidencia que nos deja en primer término su nueva muestra en Caracas (Del Pasado al Presente), representativa de un conjunto de proposiciones que indican claramente la madurez del lenguaje, el manejo sabio del oficio y lo que es aún más determinante, la apertura hacia una proposición activa, sensible a nuestras búsquedas, pero solidario de todo lo ya cumplido. Es la obra que hace pensar en un gran creador. Dos características se escalonan a lo largo de su trayectoria, una los laberintos del anonimato y la personalidad, otra la fuerza fusionante de la dimensión corporal. El ser y la consistencia. Por el primero vemos la pluralidad, lo masivo y lo individual que lucha por resistir a la homogeneización. Luego la poderosa dimensión que está en la materia y en las formas, juegos de interrelación y procesos sincréticos que aportan visiones que son planteamientos. Si recordamos atrás, hacia comienzos de los ochenta, encontramos en la gente y "La Consagración”, una individual de tallas y pinturas que mostraban la tendencia de toda sociedad a producir condiciones masivas, como las largas filas de espera, anonadantes; y los personajes uniformados, ciíindricos y sincréticos, como las muñecas rusas, adosados a su diploma en el despesonalizado acto de la graduación. Ya se adivina en ese entonces el acopio de lo que la artista llama "maneras muy viejas de decir las cosas. que nunca llegan a envejecer". Esa tradición está en las tallas populares y en obras excepcionales como la de Marisol (Paris, 1930), dos fuentes, dos paraleIos que coinciden con Gaudi Esté en la: exploración de Ia cotidianidad y persistencia de lo común y de lo extraordinario. Tres líneas que retrasan lo cotidiano para convertirlo en esfingies que vencen al tiempo, al olvido, a la destrucción. Ya entonces los personajes ocupan un lugar en el espacio de la memoria, posan para un retrato que a la larga es una escultura de madera, donde la talla certera se apoya también en el minucioso dibujo de los rostros, verdaderos ensayos individualizados. Un relato lento, cerrado en su consistencia, implacable ante la mirada. Una década más tarde, el discurso se hace flexible y elude a universos de mayor complejidad. Personajes y el entorno. A veces personajes fundi¬dos con el entorno material y orgánico. Al igual que la actualidad absorbe el legado del pasado, rutinas de otras culturas, huellas de otras vivencias. La escultura sigue su proceso de la madera, manejada con la talla, seguida en sus tensiones, condensada en su reciedumbre por una respuesta al tiempo y al vacio. "Las forma del poder " (1991) podrían representar las variantes de una evolución que busca continuidad y expansión. Permanecen los grupos famIliares, los animales y objetos del entorno, pero cambian la morfología y los vínculos. Es el mejor momento para apreciar cómo se ha producido el proceso de consustanciación entre las formas humanas y cuanto las rodean. De tanto andar con los seres humanos, los perros tienen rostros y adaptan característlcas y posiciones propias del hombre; pero al mismo tiempo guardan su propia estructura, airosa, firme, detenida en un momento de máxima tensión de músculos y volúmenes. Los personajes son parte de las sillas donde están situados, y entre ambos una materia común se constituye en una especie de hecho nuevo y desconcertante. Los símbolos exteriores del poder, por ejemplo, son elocuentes en las actitudes desafiantes, en las simbiosis, en el alarde de ser que expresa cada obra. A veces los roles se invierten, la silla o el mecedor asume la efigie de un gato, y es en el perro donde se posa una cara dócil y nostálgica. Además de rostro, los perros tienen otros atributos, como los senos, que constituyen un paso nuevo en la trasmutación constante, en los intercambios que hay entre los humanos y los animales domésticos, como parte de una misma materia viviente. Una huella distinta se incorpora, la solemnidad casi ceremonial de las tallas africanas, las síntesis de otras culturas y movimientos artísticos, que van dejando presencias que no están fuera, sino dentro de las obras, como parte de ellas. Del pasado al presente, título de la muestra actual, pasa a ser definición de un sentido esencial para la obra que ahora se desarrolla. Un aire de libertad parece mover las motivaciones, agudizar los logros, dejar pasar el asombro y atraparlo. Una gran destreza nos permite ver un perro echado con las cuatro patas extendidas, en madera de samán de acabado artístico, con un rostro atento: es "el guerrero momificado". Una silla de alto respaldar, coronada en una enigmática cabeza. es como la ascensión de la materia en un espíritu unificador, severamente sincrético, que tiende a Ilevar la figura al totem (Pancho, 1994). La tecnología elemental, la rueda, se incorpora a un caballo (serie Los Sediciosos) que se desplaza entre las referencias mas insólitas. Todo parece indicar la continua relación entre los ámbitos que el hombre atraviesa, su propia infancia ante todo, su propia cinrcunstancia de manera constante, y además las imágenes infusas en el curso del tiempo, que vienen de lejos, de donde llegamos apenas en la intuición. Una relación gestante, nutricia, forjadora del ser que pregunta y responde con la obra. Dueña de una técnica rigurosa, Gaudi Esté parece ahora disfrutar de los placeres de la invención, incluso en el dominio formal. Sus obras de grandes precisiones, parecen ahora descubrir la calidad de los acabados rústicos, incluso de la fuerza de la madera desnuda. Más autonomia, más decision de sobrepasar lo cumplido, sin abandonar su sentido. Doble inclinación. La sabiduría y la libertad.
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