Gaudi: las formas del poder (I) El Poder es coacción, imposición, arbitrariedad, manipulación, negación... Y la obra de Gaudi desde los años 70, desnuda sus rostros ocultos tras el antifaz y doblez, de ahí La obra Seducclón o perro con tetas (1985), es un ejemplo de esto. El brutal rostro del poder sexual transformado en madera de caoba, nos manifiesta a través de sus contornos y texturas la negación del amor. Es ésta una obra de forma pervertida, lo cual se manifiesta en el ser antropomorfizado que representa: fusión de animal y humano. Su centro visual son los senos desgarrados, signo evidente de la deformación del ser. El rostro, con su tensión y rasgos, expresa la angustia que arrastra la conversión del amor en poder de seducción. En la obra Silla con perro (1985 1986), al despojar al objeto de toda funcionalidad, mezclarlo o fundirlo con Ias formas femeninas; al convertir el respaldar de la silla en dos senos, la base en vagina y las patas en sensuales caderas y piernas, Gaudi Ríos nos enfrenta a una imagen simbólica de la mujer objeto, expresión de un ser pervertido por el patriarcalismo mercantilista. Esta imagen expresada en el perro antropomorfizado que reposa sobre la silla, en su dominio, convierte su.humanidad en una monstruosidad; Gaudi transforma así el samán en huella candente del poder y en negación de la condición humana y de su empatía natural. La Concertación, obra realizada en 1990, es una imagen cínica del dominio político. Este conjunto escultórico está conformado por dos piezas: una silla felina y un gato. Las formas responden a la semejanza entre la política y los políticos y la naturaleza del gato, cuando su hacer es deformado. Estos, en la perversión de su funsión, es decir, el bien común, se convierten en seres halagadores, escurridizos y huidizos, caracterizados por, un actuar nocámbulo por su espíritu de doblez y secta, que niega con su comportamiento felino el espíritu de la democracia¬. Esta negación se expresa en la segunda pieza del conjunto, el gato que impide a la silla-felina ejercer su funsión de mecedora, de igual forma como los políticos impiden la concreción del bien común con el ejercicio del poder coactivo. Metafora y denuncia del espíritu gatuno de !os políticos pervertidos en su.esencia, lo cual obtaculiza la tan nombrada concertación, y, por tanto, es una negación a la participación democrática. Sin embargo, e! reino de la libertad y la voluntad creadora necesitan, para existir, liberarse del poder, por ello, los momentos de renovación de la humanidad han sido pocos, pues en escasas ocasiones ha podido escapar a este Leviatán. Por eso, en la historia de la humanidad, la vida del creador tiene semejanza con la imagen arquetipal de Tántalo en el infierno y su interminable castigo debido a su orgullo, que consistía en cargar con una piedra siempre a punto de caer. El poder alienta la libertad en todos los estratos de la existencia humana, pues él es viva expresión de la impiedad y la arbirtrariedad. Al mostrarnos Gaudi estas esculturas, nos conmueven, ya que por la alquimia de su creación ha convertido la madera en huella de la lógica de la dominación y de sus negaciones. . Ante esto sólo nos queda preguntarnos ¿Qué hacer ante el poder coactivo? ¿Cómo actuar ante él? ¿Puede llegar a ser la creación un preámbulo a su negación?. Las respuestas a estas dudas sólo nos las podrá decir el tiempo. Por los momentos, las esculturas de Gaudi son cristalizaciones en el espacio y el tiempo de los rostros y formas del poder.
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