Las Formas del Poder Con intelgente gesto museográfico, atado al recurso de la utilización de colores en el envolvente museográfico, una exposición monográfica de Gaudi Esté acompaña desde finales de abril la importante muestra de Antonio Lazo en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber. Con la elegante sutileza que caracteriza a sus montajes, el museo ha dejado penetrar el bestiario fascinante de Gaudi en el universo de Lazo: un encuentro de miradas divergentes al mundo de las representaciones. Ambos representan vectores muy activos del arte contemporáneo en Venezuela; su coincidenda aquí permite desencadenar nuevas emociones frente al aporte de la generación de creadores que uno y otro representan. Mientras que en Lazo se expresa imbricación profunda a la suya de la cual constituye vértice inspirativa , en Gaudi se trata de un trabajo en la tradición del artista del taller, conectando aflrmativamente a sus instrumentos, recursos y planteamientos particulares. Es que el ámbito de la cultura en Venezuela es un campo baldío, de siembras sin surcos comunicantes, en el cual, hacia tiempos presentes, parece imposible identificar escuelas ni tendencias y, sorpresivamante, líneas energéticas en desarrollo. En e! ascueto esquema que permitiría una taxonomía del campo de la escultura en Venezuela, Gaudi se encuentra en un área intermedia entre la tradición propiamente figurativa (la cual, formalmente, adhiere en su obra) v la tradición constructivista y abstracta. con la cual se liga, en el ánimo estructuralista de sus composiciones. La pnmera, liderizada indiscutiblemente por Zitman y explorada por Guédez, Prada y Varela entre otros no optado por las posibilidades seriales del vaciado en bronce como eje de la obra, a partir de la figura. El segundo caso agrupa convencionalmente a Valera y Abend, por una parte, y a Medina y Mendoza, por nombrar un grupo importante de escuttores que se ha planteado la exploración de materiales diversos (mármoles, metal y madera, fundamentalmente) en pleno ejercicio de la libertad constructivista, y han abierto una clara conexión con el universo del ensamblaje como género. Con éste la escuttura venezolana mantiene entonces, un plano de intersección importante, y el cual parece ser, precisamente, el área más vital y prometedora de su dominio, Las piezas que Gaudl ha traido a los espacios del Maccsi son claramente registradas como "ensamblajes tallados". Esta seleción valora el segmento germinal de la escultura gaudiana, su trato con las maderas, y se distancia de la cohesividad deferente que aporta al bronce hacia una unidad perceptiva y artrfisiosa¬- favorecida hoy por las salas de exhibición en los circuitos de mercado. En su proposito ensamblajista, Gaudi utii!za un, rango Iimtado de maderas: la caoba, el cedro, el samán, cuya unión no se mimetiza con e! virtuoso acabado de sus ooras a través de ceras y tintas. La presencia de cada una, con sus cualidades cromáticas y texturales firmemente acentuadas, se delata en el resultado final. De! grupo de piezas resaltan consistentementa aquellas en las cuales se favorece el uso univoco de la talla, en preferencia a las que incorporan recursos más bien gráficos. Del primer caso destaca la pieza Tormenta del desierto (ensamblaje tallado en madera de samán 1991) que señala una introducción temática –plenamente actualizada- a estas “Formas del Poder” así como la obra Mi silla (1990). En Mujer perro y silla están presentes los elementos claves de su ideario, y al igual que en Gallo chamo y Maney (1967) y Dos mujeres con perro, (1988), la intervención mediante trazos de gestos y planos estampados intenta profundizar un ánimo narrativo muchas veces innecesario en una obra valorizada por sus alcances prenamente competitivos. Por lo pronto, resulta un recurso que delata la necesidad de indivi¬dualizar cada uno de los trabajos que salen del taller de un artista que, aunque ante el crecimiento de su aceptación en el mercado local, milita en la relación afectiva, pasional con su obra.
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